11 de junio de 2017

RESTAURANTE CASA GARRAS (KARRANTZA): Unas garras que acarician.

Hablando de restaurante pendientes, este era, sin duda, uno de los principales. Años que lo he tenido mucho más fácil, desde Laredo pero por una u otra cuestión no lo había visitado. Al final, como hoy tocaba comida, nos animamos y nos aventuramos por esa carretera que hace que los minutos de viaje sean más que los kilómetros avanzados. Pero llegamos al fin al precioso Valle de Karrantza.

Somos prácticamente los primeros pero poco a poco se llena, incluso nos dicen que han tenido que decir que no a mucha gente. Me alegro por ellos, algo estarán haciendo bien. Tenemos la suerte de poder comprobarlo en persona.


Local amplio, bien vestido y con mucha luz, buen tamaño de mesas. La que lleva la voz cantante en sala es una auténtica profesional y agradable, muy agradable. Constante atención y eso que tenía currelo más que de sobra. Ha ayudado un tanto el haber madrugado y para cuando el restaurante se ha llenado, nosotros casi estábamos terminando.

Carta más que decente de vinos, hoy voy con Marijo así que tampoco puedo pensar en espumosos ni en vinos de madera descarada así que pregunto primero por la añada de la que disponen y al escuchar 2013, me animo y pido un albariño que ha había probado en alguna ocasión. Un Tricó. Nos lo sacan bien frío así que nada de hielos y vamos echándolo en la copa para que atempere un tanto. 12 meses en depósitos de acero inoxidable y otro año más en botella. Un amarillo que tira a “verdoso”, con la fruta ya no tan presente, un vino con cuerpo, acidez marcada. Nos ha gustado a ambos, ella no tan amante como yo de las “maderas”.

Ofrecen un menú basado en el atún. Han realizado hace poco el ronqueo (despiece) de un “pequeñín” de 220 kilos. Coincidimos con Oscar, compi de andanzas gastronómicas y unos amigos suyo que han ido expresamente a por dicho menú. Nosotros nos decidimos por su carta.

Eso sí, tenemos que aprovechar y probaremos un trozo de ese atún que no es cuestión de arrepentirse. Así que comenzamos con un plato de atún rojo marinado sobre su emulsión, salza ponzu, algas wakame y perlas de wasabi. Pues estupenda conjunción. Buen producto, disfrute total.


Hoy el pan ha sido un protagonista principal de la comida. Todos ellos a un nivel impresionante. Creo que he probado de todos. Y eso que tampoco hemos tenido demasiados platos de untar pero estaban todos tan ricos que era un puro vicio. Riquísimos.

Continuamos con  guisante lágrima, con callos de bacalao y queso de karrantza. Al parecer son de la zona, de un joven agricultor. Ciertamente están cojonudos. Explotan en boca. Perfecto el acompañamiento. Un plato destacable, sin lugar a dudas. Calidad, excelente producto…..

Pasamos al txipiron relleno del guiso de sus garras y cremoso de tinta. Emplatados individualmente. Calidad superior. Me ha encantado la finura de esa salsa. La verdura le da un toque suave, apetecible. De nuevo demostración de que aquí trabajan con buen producto pero sin dejar la técnica para sorprender al cliente.


 Estamos en un restaurante con fama de tener buena carne, carne del mismo Valle de Karrantza. Así que “negociamos” una de peso moderado pero al verla delante de nuestros ojos nos damos cuenta de que la negociación no ha salido como esperábamos y la txuleta pasa, con ganas del kilo. Pues cobardes no hemos sido nunca y no vamos a empezar a serlo ahora. Buena carne. Aquí no son de maduraciones, así que quizás eso suponga que esté un poco más “tiesa” pero buen sabor. Nada que objetar. Pimientos rojos asados y unas patatas fritas que están para llorar de ricas.

Queda algo de vino y Marijo es más de terminar con salado más que con postres. Pues a por una tabla de quesos que nos vamos. Tres diferentes. Un Idiazabal , creo que uno del mismo Karrantza. Todos ellos ricos. Con sabor pero ninguno de los que anestesian la boca. Una tabla que después del recorrido que llevamos nos ha costado rematar.

Salimos a su terraza donde nos invitan a un par de cafecitos que la verdad es que están muy ricos, apetecen. Hoy me ha invitado mi amiga, eskerrik asko, guapa. Pues me alegro un montón de la visita. Estupenda cocina y un trato genial. La cosa ha salido por 159 euros. Ninguna pega, creo que se ajusta perfectamente a lo degustado.

6 comentarios:

  1. Parece que vale la pena el desplazamiento tanto por las visitas, como por el papeo.

    Precisamente este pasado finde he podido disfrutar en Madrid, en un restaurante de origen cántabro, tal vez de los últimos guisantes de la temporada y son una verdadera delicia.

    Lo que me cenaba ahora mismo son esos txipirones rellenos untando pan sin conocimiento.

    Un abrazo disfrutón.

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    1. Pues sí que son algo para disfrutar. Lágrimas las que te caen cuando los comes. Los txipis también de muerte. En fin, una comida de altura en un precioso valle. Seguiremos disfrutando mientras el cuerpo aguante. Un abrazo.

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  2. Los guiantes lágrima están de plena temporada... y de moda. Y justamente, porque están ricos, ricos.

    Abrazos, truhán ;-)

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    1. Veo que es el plato estrella de hoy. :-)
      Pues un poco truhan sí que soy, sí. Aunque cada vez menos. Un abrazo

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  3. Vaya pinta que tiene todo... un restaurante para disfrutar
    Cuando estuve en Girona hace quince días ya se había acabado la temporada de los guisantes lagrima. Buena comida y a buen precio.
    Un abrazo
    Joan

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    1. Bueno, creo que pillarás la siguiente temporada en tu "segunda residencia" :-)
      Somos unos glotones y disfrutamos con la gastronomía, cada día me gusta más y si además la "regamos" estupendamente..... "apaga y vámonos". Un abrazote

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