29 de marzo de 2014

CONCURSO DE PINTXOS LAUDIO 2014




Como viene siendo habitual en los últimos años, el Ayuntamiento de Laudio desde la Agencia de Desarrollo Local, ha organizado de nuevo el concurso de pintxos.

Colocaré primero las 3 fotos de los pintxos triunfadores de esta edición a critero del Jurado Técnico.



Tres propuestas muy distintas entre sí. 

Propuestas más o menos clásicas o más o menos atrevidas pero que han cumplido todos los requisitos exigidos.

Propuestas que han pasado varios "filtros". El trabajo de los profesionales ha sido minucioso.



Uno es humano. Quizás algunos piensen que no tanto pero puedo prometer que sí.

En este pintxo en concreto, en este "trampantojo", de nombre Gazi-Gozo, he tenido un pequeño aporte personal por lo que la satisfacción al conocer el resultado ha sido enorme. Zorionak.

Y eso que hasta última hora he tenido que esperar, alguna que yo me sé no ha soltado prenda.

Como no es mi intención hacer de crítico culinario ni nada parecido, iré colocando las fotos de todos los pintxos participantes para que os hagáis una pequeña idea de lo que ha dado de sí.



Este año y por decisión de los propios hosteleros, en vez de dos, tan sólo ha sido un fin de semana. Creo que el año próximo volveremos a lo de siempre, al parecer no ha sido buena idea.



Además este año en vez de dos categorías, simplemente había una, concretamente de pintxo libre. Eso sí, se ha añadido un premio a la mejor barra.



Coloco aquí la foto del jurado técnico, acompañados de Olatz. Algunos más conocidos por su aparición en televisión pero todos ellos profesionales de la gastronomía de reconocido prestigio.
Me gustaría hacer especial mención a una persona a la que he tenido el placer de conocer, César, un enamorado de este mundo, una persona que irradia entusiasmo por los cuatro costados y que ya ha saboreado el placer de haber ganado varios concursos de pintxos. Eres un crack. 


Si quisiera hacer un par de apreciaciones dados los comentarios escuchados por ahí. Opiniones tenemos todos pero la razón es ya otra cosa.


Por eso no es cuestión de presentar un “plato combinado”. Un pintxo es lo que es. Además otra cuestión primordial en este asunto es el precio. Yo también puedo ganar fácilmente en la votación popular. Con poner un trozo de solomillo de 150 grs acompañado de un buen trozo de queso Idiazabal, seguro que el público pensará que mi pintxo es el mejor. Pero tengo que ofrecer algo cuyo coste sea inferior a ese euro treinta. Un pintxo que me permita obtener un beneficio económico. De lo contrario estoy haciendo “trampas”.



La calidad en general ha sido muy buena, incluso hemos comprobado algunas propuestas muy originales, diferentes a lo típico.



Un jurado técnico no va al buen “tuntún”, ellos se basan en unas normas establecidas.
Acuden por separado a los locales, confrontan opiniones y después en base a todo ello, deciden quienes pasan a la final.



En dicha final, los participantes deben volver a ejecutar su pintxo para el jurado y ahí, los nervios pueden pasar alguna mala jugarreta.




Al final el resultado ha sido el que ha sido. Nunca llueve a gusto de todos. El resultado de la votación popular no ha coincidido para nada con el del técnico, para mi es muy lógico. Nosotros no nos guiamos por los mismos criterios. 


No vamos aquí a descubrir nada nuevo. Tenemos la tendencia a votar al que mejor nos cae, indistintamente de que nos guste más o menos su trabajo.

Y no quiero terminar sin hacer otra mención muy especial. Alguien se ha encargado de que todo esto haya salido tan bien. Alguien que dejando de lado el hecho de hacer bien su trabajo, se ha mojado hasta .............. para darlo todo. Alguien que no se lleva laureles, alguien que no se lleva ningún premio. Bueno sí, su propia satisfacción, que no es poco. Y además todos sabemos lo que ha hecho y eso quedará siempre ahí.
La fotografía que encabeza este trabajo es como ella quisiera salir, en la sombra, sin pretensiones de gloria. Pero muchacha, has estado ahí y te lo mereces. ZORIONAK OLATZ, tú sí que eres una CRACK. 

25 de marzo de 2014

RESTAURANTE AIZIAN: Caballo Ganador.

Nueva visita al que en mi modesta opinión es uno de los mejores y más elegantes restaurantes de Bilbao y también uno de los más regulares que conozco. De aquí es difícil, a mi nunca me ha sucedido, salir descontento.


Hoy juega nuestro Athletic en casa y además coincide con la hora de la cena, quizás eso suponga que la clientela ha sido muy “europea” y lo digo por el horario.
Por aquí somos más “tardíos” a la hora de sentarnos a la mesa y para cuando nos hemos acomodado había ya algunos comiendo el postre.

Desde luego que entorno precioso, mesas de excelente tamaño, vestidas de manera notable, cambio constante de cubiertos, platos, todo al detalle. El servicio atento a todo, explicación detallada de cada plato servido.


Las opciones siguen siendo el menú Tradicional por un lado, la carta por supuesto y el menú degustación que dado que tiene nuevas propuestas, ha resultado ser hoy el elegido.
Para acompañar la cena, la elección ha sido relativamente fácil, hace poco cené con su hermano más joven y quería probar esta añada.
Billaud-Simón Petit Chablis 2010. Vino francés 100% Chardonnay.
Tiene una nariz muy frutal, yo me quedaría quizás con un toque de pera y algo de limón. Entra estupendamente en boca y tiene una intensa acidez que te invita a degustarlo suavemente. El postgusto es largo y con un ligero amargor. Me ha gustado mucho este vino. Y cada día estoy más convencido que un buen vino blanco es perfecto para acompañar casi la totalidad de los platos de cualquier menú.


Te ofrecen el pan, varios tipos, me quedo con el de pasas y nueces. Con un menú tan contundente como el de hoy, un simple panecillo ha aguantado el tipo puesto que no había sitio para más.
Comenzamos con el aperitivo. Tartar de salmón. Rico;  despiertan las papilas gustativas, una arrancada ligera para empezar a disfrutar. 

Ensalada de tomates y anchoas marinadas sobre pesto y aceite texturizado


De nuevo un plato ligero pero muy sápido. Curioso lo del aceite, un sabor no demasiado marcado. Todo ello, de excelente calidad, consigue que el plato en su conjunto resulte fresco a más no poder. Interesante propuesta que nos da un pequeño empuje hacia lo que nos viene. Evidentemente vamos de menos a más.

Vieira asada, alcachofas en texturas y salteado de espárragos y hongos.


Buena calidad de la alcachofa, bien preparada, suave, estupenda textura. La vieira está de rechupete y la salsa que lo acompaña es así mismo muy fina.
Seguimos pensando que esto va a ser “fácil” pero más tarde nos iremos dando cuenta de que esto va “en serio”.

Ravioli de cigala con sopa de hinojo y praline de avellanas.


Un plato muy bonito, con colorido, sigue resultado fresco y sin demasiadas complicaciones. Vamos en ascenso pero todavía no es necesario el uso de “oxígeno” para seguir ascendiendo.

Huevo a baja temperatura con salteado de hongos, ñokis de carranzana y jugo de cebolla morada de Zalla.


Esto ya es otra cosa muy distinta. Aquí hablamos de sabores muy marcados, el queso potente y el jugo donde se “bañan” el resto de los ingredientes, con más sabor aún. He pensado que incluso demasiado potente. Los hongos excelentes. El huevo otro tanto. Aquí ya el nivel de trabajo para la nariz y la boca es menor puesto que descubres prácticamente todos los diferentes matices de cada componente. Un señor plato que ya empieza a hacernos ver que con hambre precisamente no vamos a salir. 

Lomo de San Pedro con endivias amargas y picada de tomate y almendras.


El valor principal de este plato es, por supuesto, el pescado. Excelente nivel del producto y sublime su punto de presentación. Rico, con mucho sabor, la piel perfecta, crujiente pero sin estar quemada. La “carne” del pez en su punto perfecto. Yo soy como soy y casi prefiero comerme estos pescados sin “molestos” acompañantes por muy ricos que estos puedan estar.

Ciervo marinado con pure de higos  en vinagre de modena.


Aunque no soy yo un “amigo” demasiado íntimo de los platos de caza, dado su potente sabor y que generalmente no es sencillo conseguir darle esa textura más parecida a la carne que estamos acostumbrados a comer, tengo que reconocer que estaba muy rica. Los higos estás de rechupete pero me sucede como con el pescado. Soy de comer la carne “a pelo” y las salsas participes pero sin “avasallar”. De nuevo la salsa que acompaña el plato tiene un sabor muy potente.

Esto ya empieza a ser un menú degustación de elevado poder alimenticio. Luego vendrá el típico “listillo” que dirá que en este tipo de locales se pasa hambre. Creo que es evidente que no. 

             Pasamos al primero de los postres, un postre fresquísimo, muy digestivo, muy fácil de comer y desde luego que ese “maracuya” le da un toque de sabor ligeramente “tuercemorros” como diría yo. Esa carita que ponen los bebés cuando (que tire la primera piedra quien esté libre de pecado) les damos un trozo de limón a probar.

Espuma de arroz con leche ,helado de maracuya y tofee de nata

El segundo postre ya es más goloso, más dulce pero está rico de ganas. Un postre muy “a la moda” pero que no deja de triunfar.


Soufflé de chocolate. Pues lo dicho, rico, muy rico.


Terminamos con  un par de buenos cafés, con la pena  de no haberme tomado algún buen vinillo de postre (sobraba Chablis), con la imposibilidad de degustar los exquisitos detalles que acompañan a los cafés y que podéis ver en la foto principal de este comentario  y sobre todo me voy con  la seguridad de que aquí vuelvo sí o sí. 

El precio de esta cena, todo incluido ha sido de 170 euros los 2 pax. Las discusiones sobre caro o barato ya no son para mi. Yo también preferiría que la cena hubiese costado 10 euros pero la ciencia ficción mejor la dejamos para el cine.

22 de marzo de 2014

CASA RUFO: En "3" palabras: PRO....DUC.....TO.

Años llevaba yo con la intención de visitar este restaurante. Uno no sabe muy bien el porqué pero entre pitos y flautas me ha costado. Al final, como no podía ser de otra manera, ha "caído".
Local curioso, no deja de ser también una tienda de producto puro y duro, de producto de calidad.
Me gusta, es como entrar en otro mundo.


Empezamos con una "pequeña pega", la mesa. Demasiado pequeña. Sabemos que eso de llamar a última hora no es lo mejor que puede uno hacer pero esa mesa........ diez centímetros más de diámetro y todo solucionado. Además las sillas, sólo las de la mesa, son de las típicas de cervecera. El dueño, al de poco, se ha dado cuenta y las ha cambiado. Mejor así.

El local es precioso, rodeado de tienda, se ven los foies, las txuletas, tarros de ahumados, de verduras, vinos correctamente colocados en baldas para ese menester...... las mesas bien vestidas.



Por las reseñas de Verema, por los comentarios vertidos, sabemos que aquí se viene a comer buen producto y a por ello que nos vamos.

Pequeño vistazo a la carta y más largo a la de vinos. Una pequeña "biblia" que uno no tiene que estudiar demasiado, yo he venido a beberme un albariño. Cosas de un tipo "raro" como yo que sabiendo que se va a meter una buena txuleta entre pecho y espalda, no elige un tinto. Allá cada cual con sus gustos, que los míos son, afotunadamente, sólo míos.

Aunque hubiese preferido algún vino más "adulto", me decanto por un joven con mucha fruta en nariz, con otra tanta en boca. Un Terras Gauda 2013. No hay más, así que..... contigo......

Lo dicho, facilísimo de beber. Temperatura ideal y además sin hielos, en cubitera de guardar temperatura, no de enfriar.

Parece una "frutería", manzanas, peras.... flores......

Se deja beber con una sencillez encantadora y además tiene un deje que invita a continuar.

Un vino que por 15 euros me parece de una relación calidad-precio estupenda.

Comenzamos con unas antxoas en aceite. Simplemente "María". Poco o mucho, no sé si decir una cosa o la otra. Tremendas. Suavidad por doquier, sabor. Punto de sal de sobresaliente. Ni un sólo "pelo". Finas.
Sabrosas. De sobresaliente alto, de matrícula de honor. Tremendas.



16 euros han tenido la culpa. ¿caro? Ni por el forro. Esto no lo encuentras en cualquier sitio. Esto es placer por placer. El aceite hasta te hace "toser". Potente. Untas pan y vuelves a untar. Me quito la txapela.




Continuamos con algo "sencillo". Un producto de base que bien trabajado, como es el caso, merece un punto y aparte. Unos puerros a la vinagreta. Se deshacen en boca. Sin hebras. Sublimes de sabor, de textura. Esto es lo que es. Buen producto, excelentemente trabajado.

El plato fuerte de la noche, una txuleta acompañada de unas estupendas patatas fritas en ración muy generososa. La carne, presentada en piedra caliente. De calidad sobresaliente. De sabor notable alto. La grasa está tan suave y fina que no sobra ni un dedal. De nuevo excelencia en la calidad, en el trabajo, en el detalle. Una señora txuleta.

Vuelvo a decir que las patatas que la acompañan son de casa, ricas, nada aceitosas, sin tostar pero sin quedarse justitas de fritura. Muy buenas.

Otro pequeño fallo a mi parecer ha sido el pan. Con estos producto de semejante calidad, no entiendo demasiado bien que no se le de la importancia que debería tener a un producto tan importante en una buena comida.

De postre, por referencias leídas, me decanto por algo que no aparece en carta pero que sé de su existencia. Unos canutillos de membrillo que vienen acompañados de dos cigarritos de Tolosa.
De nuevo otro plato a destacar. Sabrosos, dulces pero sin empalagar.


Un par de ricos cortaos, de los buenos, de los de poca leche y buen café y cobrados a un precio muy correcto.

Sabia yo que algo tenían que ver estos con mi pueblo. Al salir lo comento y efectivamente el dueño está casado con una de allí. Un añadido más al buen disfrute.

El total de la factura, todo incluido han sido de 100 euros para dos. Me parece, visto lo visto y comido lo comido una muy buena relación entre lo uno y lo otro.

Creo que es un sitio que merece la pena. Volveré, sin duda, tengo que probar ese salmón, ese bakalao ahumado. Tienen muy buena pinta.


16 de marzo de 2014

Un día de árboles, pintxos y peces.

Me salgo hoy un tanto de mi “guión” habitual puesto que voy a mezclar alguna cosa con la experiencia vivida en un restaurante.
Es hoy un día “especial”, Zuhaitz Eguna-Día del Arbol. Como todos los años, acompañados de un montón de  txikis, realizamos una pequeña plantación en un lugar elegido que en este caso es el Monte de Arraño para intentar concienciar a los más pequeños de la importancia que tienen los árboles en nuestras vidas. Seguramente que no conseguiremos demasiado nuestro objetivo pero se intenta.


Bonita mañana, un tanto fresca que se soluciona cogiendo la azada y trabajando un poquito, al final el resultado son 80 nuevos “vecinos” que algún día, los que consigan sobrevivir a los envites de la climatología y del ya más que asegurado vandalismo tonto, nos darán esa sombra tan agradecida en verano.

Hemos disfrutado así mismo de un pequeño hamaiketako (almuerzo de las 11) en forma de unos riquísimos “txoripanes” bien servidos de materia prima que nos ha preparado Karol, la de Andoniren Taberna, aunque todos no nos los hemos ganado y siempre teniendo en cuenta eso de que “los peques primero”, todos hemos podido probarlos.

Se celebra así mismo este fin de semana en Laudio, el Concurso de Pintxos del que espero preparar en breve un “trabajillo” con lo más destacado y he probado hoy concretamente el pintxo que presenta la citada taberna. Un “trampantojo” en forma de pastel de manzana, que en su interior lleva una crema de morcilla con salsa de pikillo. Una mezcla curiosa pero que se deja comer bien gustosa y cuyo resultado final te deja un buen sabor de boca.
La foto de portada de hoy muestra perfectamente que además de rico es muy agradable de ver. 
La foto que acompaña este párrafo es una estupenda gilda que hoy tiene su lugar privilegiado en una bonita barra.

Siguiendo con las “sorpresas” del día, descubro unas croquetas que no 
entiendo demasiado bien como no había descubierto antes. Unas más que cojonudas croquetas de queso Idiazabal en el Itxas Bide,  bar y restaurante situado en la parte baja del Puerto Viejo de Algorta. Desde luego que no va a ser esta la última vez que las coma.


Están de vicio, buen relleno, con sabor a queso pero sin que ese sabor termine de enmascarar al resto. Lleva un pequeño toque dulce, creo que es alguna pasa en el interior y el rebozado de huevo y pan está tan rico como el contenido. Vamos que si pasáis por allí, como no están en la barra pues las sacan calentitas de cocina, no se os ocurra no probarlas.

Y ya para rematar tan intenso día, algo hay que cenar y en esta ocasión el restaurante elegido es el Puerto Zabala, en las preciosas callejuelas del Puerto Viejo, un sitio que invita a perderse, donde parece que estás un tanto en otro tiempo.

Un local de solera ya, donde trabajan bien la materia prima. Aquí se viene principalmente a comer pescados y mariscos frescos y eso es lo que vamos a hacer.

Las mesas bien vestidas, un tanto “demasiado” aprovecha el espacio, imagino que en este sitio si hay alguna cena de cuadrilla, el nivel sonoro se complicará un tanto. Hoy no ha sido el caso y hemos estado medianamente tranquilo en ese aspecto.

Para comenzar una ración de unas estupendas almejas en salsa. Una salsa cuyo color ya nos indica que no es la habitual salsa verde, que lleva un toque de color diferente. Algo de tomate. Aunque hoy el pan no ha sido lo mejor de la cena, una pena, teniendo una cuchara, la salsa no debe ni puede desperdiciarse así que compruebo que está rica de ganas. Buena materia prima, buen tamaño.


Hay que “refrescar” los cuerpos y para ello que mejor que una buena ensalada de lechuga, tomate y cebolla. Con ese aliño que a mi me encanta, cuando el que la prepara no es precisamente “tacaño” con el vinagre. Buena ración y bien preparada.


Como plato principal, en este caso un Rodaballo de un kilo de peso. Una pena que no lo repartan ellos, te lo dejan allí, tal cual y para esto yo prefiero la mano de un experto. De todos modos, entre un “ponte y estate quieto” y un poco de voluntad, el pez ha desaparecido. Buen punto, ni poco y muy hecho, buen sabor, sabor a mar y no sabor a “pienso compuesto”. Estas cosas hay que pagarlas en su justa medida.
Acompañaban a su “majestad el rodaballo” unas estupendas patatas cocidas. Curioso alimento, simple pero que desde luego da un juego tremendo. Muy ricas.

Para beber un albariño Torre la Moreira, para un buen pez es un buen vino. Cosecha 2013. La nariz es pura fruta. Yo que cada día se menos de vino, me quedo con el olor a pera, muy descarado. Entra fácil, de todos es sabido el “peligro” de estos vinos. Muy fresco en boca y no muy marcada la acidez con lo que a mi no me invita en exceso a degustarlo con más detenimiento. Estoy convencido que este mismo vino dentro de un par de años estará mucho más rico, será mucho más “serio”.

De postre una tarta de castañas que hay que reconocer que está bien fina y sabrosa. Aquí ya nuestro vino deja de ser buena compañía pero no siempre puede uno terminar las cenas con sus vinos dulces “del alma”. Hay que medir y bien medido lo que se bebe cuando después hay que coger coche y ruta hacia casa. Una pena pero ………


Un cafecito bien preparado, en taza pequeña y con poca leche, vamos, un “cortao” como mandan los cánones.
En este local no hay presentación de carta, ni de precios, ni carta larga de vinos.
Te cantan lo que tienen. Los que vamos ya “resabiaos”, no vamos a asustarnos, a los demás os recomiendo preguntar, luego no vale decir eso de que “yo no sabía”.
Para el producto que usan y el manejo que de él hacen en cocina, no me ha resultado caro, eso si, tampoco barato. Pienso yo que por este dinero he cenado mejor en unas cuantas ocasiones. Un sitio que juega quizás un tanto con esa privilegiada ubicación.


Han sido 127 euros, de los cuales 60 corresponden al Rodaballo en cuestión. Repito, un precio correcto.

Pues termina aquí el relato de un dia diferente, de nuevos descubrimientos en materia gastronómica. Me quedo son ese Gazi-Gozo de manzana y morcilla y con esas croquetas de Idiazabal.

11 de marzo de 2014

RESTAURANTE PORRUE: Las Brasas del Invierno-Neguko Txingarrak

Echando una visita por los restaurantes visitados,  me doy cuenta de que tengo un poco olvidado a uno en concreto y además uno en el que el disfrute fue completo.
Es un local muy agradable, con una luz suave, que el único problema que me genera es que las fotos pueden “complicarse”.


Me encanta la decoración, con productos naturales y además se ve que le dan una importancia primordial al queso y al pan, dos de mis alimentos preferidos.

Buenas mesas y muy bien vestidas, más que correcta la separación entre ellas con lo que no te sientes para nada agobiado por la presencia de otros comensales. Muy buen tamaño y cómodas sillas, que uno va a pasar un buen rato allí sentado.

Tienen una bodega vista con un buen número de referencias de todo tipo de vinos. Y así mismo allí puedes ver quesos, jamones y demás apetecibles y sugerentes viandas.

El menú degustación que ofrecen, siempre suele estar marcado por la estación del año en la que estamos, así que ahora toca un menú con un nombre sugerente y que además resulta atractivo por su contenido.
Neguko Txingarrak – Las Brasas del Invierno.

Allí aparece Unai, el director del asunto, con las cartas de vinos y las del comer pero yo he ido a por algo en concreto y tras consultar sobre posibles alergias o problemas con alguno de los alimentos y ver que no los hay, a por él que nos vamos.

Igual os saco un txakoli mientras esperáis…… Pues oyes, que por nosotros no sea. No vamos a poner pegas a semejante ofrecimiento.

En cuanto veo la botella y sin dudarlo, me digo a mi mismo que hoy no tengo que elegir vino, me quedo con el que nos ofrece, un  “viejo conocido” que me agrada mucho y que se que va a acompañarnos perfectamente durante todo el recorrido: Itsasmendi 7. Del que no voy a decir nada en especial pues no quiero repetirme en exceso. Un señor txakoli, un señor vino.

Allí que aparece la camarera con tres tipos de pan diferentes así que por un lado elegimos uno artesano y por el otro, no puede remediarlo y no quiero remediarlo, mi favorito, el pan de maíz. Siempre he dicho que este pan me parece un bizcocho rico.

Un pan de aceites para ir haciendo boca y en breve comienza el espectáculo.

Capuccino de setas y amaretto. Presentado cual si del café se tratase. Tengo reciente la visita al Laua donde nos aparecieron con un plato similar de presencia.
En este caso, acompañado de una pequeña galleta con ligero sabor a hongos y la bolsita de “plástico comestible” con sabor a jamón. Recuerdo la primera vez, en Mugaritz, un tanto reacio a meter un “plástico” en la boca y menos aún a tragármelo. Pero merece la pena. Curioso.


El sabor del capuccino logradísimo. Igual es cuestión de que los bares se animen y ofrezcan “cafés” con sabores para horas diferentes, una opción interesante para los amantes como yo de la cafeína y que si nos pasamos con ella luego tenemos “problemas” para conseguir que las manos se queden quietas.
Tartar de Gamba blanca y Granny Smith. Presentado en un recipiente que ya va siendo bastante familiar para mi y que con el “truco” del almendruco, se convierte en una pequeña Alaska nublada. Acompañan a la gamba unos trozos de la manzana que la verdad es que sí casan para ser dos sabores tan diferentes.


Buen producto y bien conseguido. No es un plato que me enamore demasiado, pero es mi problema, creo que aunque está rico de narices, no termino yo de encontrarle la gracia a mayores pues pienso en las gambas en sí y me parece que en esta presentación tan natural, pierde bastante sabor. Una idea, señores cocineros: y qué tal un tartar de gamba blanca a la plancha? Que no se me ofenda nadie, es una idea.
Vieira con noodles y coliflor. Resaltar la calidad del molusco, de buen tamaño y con esa carne tersa y sabrosa. La compañía es muy agradable, la pasta y el caldo de coliflor que para los no demasiado amantes de su sabor, les informo que no se arrepentirán pues es ligero a más no poder. Otro plato bien logrado y de notable.


Tenemos a nuestro lado el menú escrito y toca ahora una cosa pero allí que nos aparece Unai con uno de sus platos favoritos y nos dice que tenemos que probarlo.
Unas kokotxas con un ligero toque de brasa, “vuelta y vuelta”. Con polvo de txipirón y acompañadas por un tubo tipo dentífrico con una salsa con un toque de mostaza pero que yo dejo para saborearla al final, sin mezclarla.


Las kokotxas están para chuparse los dedos y para pedir una ración entera. Comentamos ahora que hay mucha gente que realmente desconoce su sabor pues al degustarlas en salsas varias,, pierdes la esencia de un producto tan exquisito. Pues sin más, acojo-nantes.
El Huevo y la Trufa. Plato muy común ya en muchos restaurantes pero un plato que sigue impresionando. Acompañado de un caldo de ave que inunda mis papilas olfativas. Aunque siempre da un poco de pena romper estas preparaciones, es la mejor manera de degustarlas. Unos trozos de trufa van a darle ese toque potente al plato. Volvemos a lo mismo, producto de excelente calidad, mucho sabor. Estupendo.


Rape asado en su jugo con Curry de Madrás. Bonita presentación de este pescado cuya textura me parece genial. Buen punto del mismo, acompañado de unas patatas panaderas y con la salsa de Curry pero ligera, con un toque picante pero que no molesta en absoluto, todo lo contrario.


Durante toda la cena, el simpatiquísimo camarero que nos ha atendido, ha preguntado en todos y cada uno de los platos por nuestro nivel de satisfacción. Aunque era evidente al ver los platos, que no es que nos hubiese gustado sino que nos había encantado, mi “vacile” natural le iba diciendo que la cosa no iba del todo bien, que esperábamos que con el siguiente plato nos sorprendiesen algo. No creo que en cocina hayan tenido ninguna duda del nivel de contento de nuestros paladares.
Pues le toca el turno ahora al que para mi ha sido el plato de la noche, curiosamente, donde menos me esperaba tanta sorpresa.
Carrillera Ibérica de bellota con gnoquis de Carranzana Caranegra.


Tal vez sea la mejor carrilera que he comido nunca y las he comido bien ricas. Perfecta la textura, inmenso sabor a carne que el jugo propio eleva a lo sublime. Las dos bolitas de queso de Carranza le dan un toque de color al plato y a la vez un toque distinto de sabor. Pero repito que ha sido un plato de ejecución perfecta, un plato de diez, sin duda.
Toca ahora ya pasarnos al apartado dulce. Y allí que nos viene el joven camarero con un montón de instrumentos para sorprendernos con la ejecución del primero de los postres en vivo y en directo.
Nitromus de nuestros limones de Bakio, regaliz y apio.
“fritura” en frío, en frío helador de dos bolas de masa con un inmenso sabor a limón. El trabajarlas con nitrógeno hace que por fuera se queden duras y por dentro más ligeras. El caldo que riega el plato, con un sabor a regaliz pero curiosamente a uno que no le gusta…..ba, se hace tan suave el sabor que ni piensa en lo que realmente está comiendo. 


Un plato perfecto pues no se hace para nada pesado. El menú en general es muy consistente y necesita uno ya un pequeño “descanso”. Me parece muy bien la idea, sensación liviana y muy fresca.

En carta se termina con un plato denominado Pan con queso. Estando en un local que le da semejante importancia a dicho producto, me espero yo, sin más, un plato de algún buen queso de Idiazabal, pero mi sorpresa es mayúscula. Allí que me aparece con una copa de cristal. Al verla, me viene a la mente un postre similar degustado en el restaurante Sambal de Noja. Una crema de queso con aceite de oliva y un pan tostado dulce. Al comentarlo con Unai, el más sorprendido es él. Curiosamente, dos cocineros alejados y que no se conocen, han tenido prácticamente la misma idea. Con algún cambio al tratar el plato pero que han conseguido que algo tan “sencillo”, se convierta en un postre de quitarse sombreros, txapelas y gorros. Rico no, riquísimo tampoco, lo siguiente.

En este punto, el txakoli que tan bien nos ha acompañado durante la cena, no es el mejor aliado para estos sabores así que le comento que algún vinito dulce ya tendrá por ahí. Pues para no “engañar” demasiado al 7, una copita de su hermano dulce, el Itsasmendi vendimia tardía y otra de uno de los vinos que más satisfacciones me da y al que ya he echado todos los piropos habidos y por haber, PX Spinola. A sus pies me inclino.

 Como al parecer nos han visto cara de hambre, para acompañar los cafés, muy ricos por cierto, nos traen un tercer postre, con una presencia muy original y apetecible.

Bizcocho con frutas del bosque, fresón y cucurucho de helado de membrillo.

Fotografía grande colocada en la portada de este comentario.
A cada cual más rico, las fresas con mucho sabor pero el helado de membrillo está que te pasas de rico. Esto es gula, pura gula. Aunque ha sido un menú potente en cuanto a sabores y cantidades, sale uno por la puerta sin esa sensación desagradable de hartazgo.                                                      
Nos despedimos del equipo con el que hemos tenido una armonía perfecta con la seguridad de que hay que volver a visitarles, imagino que habrá un menú con sabores a primavera. Un verdadero placer.
El precio de este menú degustación es de 55 euros a los que hay que añadir el IVA y las bebidas que se consuman.
Desde luego que teniendo en cuenta la cantidad y la calidad de todo lo degustado, pienso que es un menú con una relación calidad-precio muy equilibrada.