16 de julio de 2017

RESTAURANTE BOLIÑA EL VIEJO (GERNIKA): Comer bien sin "tonterías".

Hemos salido de  casa hoy sin rumbo fijo, con la idea de pasar el día pero sin saber hacia donde dirigirnos. En una de estas me dice mi compi que si vamos a Gernika. Pues oyes, no me lo digas dos veces.


Tenemos suerte con el aparcamiento, presidido por el recuerdo de algo que siempre quedará en la memoria de un acto cobarde y rastrero, desde aquí un pequeño homenaje a semejante tropelía.


Nos acercamos a la zona de ambiente de la ciudad a tomar unos txakolis y disfrutar de alguna de sus terrazas. Mucha gente por la calle. Poco a poco va llegando la hora de comer y casualidades de la vida, nos encontramos con unos conocidos, uno de ellos del mismo Gernika así que les preguntamos donde podemos comer sin demasiados lujos pero rico. No lo dudan ni un momento, además estamos cerca, nos dirigen hacia este local que al parecer tiene mucha fama.


Desde luego que lujoso no es, un sitio con unos años ya y que vemos enseguida que algo tiene. Está a tope, nos dicen que tenemos que esperar unos 20 minutos y ya que estamos….


El menú de fin de semana dispone de variedad de primeros, segundos y postres. Yo me decido por el marmitako y Arantza prefiere unas croquetas. Ambos platos muy bien conseguidos y de buen tamaño. Yo repito, que el recipiente da para ello.


El servicio, casi en su totalidad femenino tiene ya una profesionalidad que los años han ido puliendo. Algunas de ellas en edad de jubilación más que conseguida. Ningún problema con ellas. Sin esperas, sin agobios. Tonterías las justas.




Para beber y como no me gusta el vino del menú les pido  su carta de vinos. No es que sea impresionante pero curiosamente tengo un txakoli que ya había probado y no muy lejos de aquí. Cosa lógica por otra parte puesto que es originario de Muxika, Buenos momentos paso yo en Muxika, en el Remenetxe, allí sí que el asunto vinícola adquiere un nivel superior. 

Txakoli Aguirrebeko, un vino que ha logrado varios reconocimientos y que la verdad es que está bien rico. Han tenido el detalle, sin yo solicitarlo, de cambiarnos las copas de uso habitual por unas más grandes. Si yo digo que siempre sabe más rico.

De segundos yo elijo unos txipirones en su tinta. De nuevo un plato bien rico. De tamaño más que suficiente para no pasar hambre. Buena untada de pan, por cierto, un pan que a pesar de ser de barra no es un mal pan.


Arantza se come un filete empanado con patatas y pimientos fritos, bueno, los pimientos me los como yo que no son precisamente su pasión. Pues carne tierna y jugosa. De nuevo plato bien realizado.

De postre ella que no tiene ya mucho saque pide una tarta helada y yo me voy de cabeza a por su arroz con leche. El arroz muy goloso, un pelín excesivamente líquido pero rico.

Pues aquí ya no pintamos nada, el cafecito lo tomaremos en alguna terracita que apetece más. Si queréis comer bien, cocina casera, sin buscar tonterías, es una opción destacable. El precio del menú de fin de semana es de 20 euros, nosotros hemos abonado nuestro vino, lógicamente.

Después del café le comento a Aran si le apetece acercarse hasta Bermeo. Así que hacia allí que arrancamos. Aquí el asunto marino tiene su peso. Subsanados ya los destrozos del pasado temporal. Allí está el viejo ballenero. Aunque a mi me recuerda a tiempos donde el "poderoso hombre blanco" ha sido de todo menos humano. Bueno, que tampoco han cambiado tanto los tiempos, hoy la esclavitud tiene otras formas pero está tan presente como siempre.

Y terminamos la vuelta a la geografía bizkaina con la visita más que obligada al precioso entorno de San Juan de Gaztelugatxe. Aquello se pone a rebosar en el periodo veraniego, de todos modos lo merece.

Terminamos en Bakio, donde tras tomar un cafecito recorremos su paseo marítimo para terminar picando algo para cenar y ya, bien entrada la noche, regresar a esta “peca” alavesa que por geografía y por historia, tanto tiene que ver la nuestra vecina provincia

9 de julio de 2017

RESTAURANTE ECHAURREN TRADICIÓN (EZCARAY): La cocina de las madres.... de las de antes.

De nuevo tengo la inmensa suerte de recibir visita de mi amigo Luis y de mi ahijado, su hijo, que comparten, además de apellido, nombre.
Vienen a San Fermines y vamos a pasar el día en un lugar intermedio. Ellos son mucho menos “vagos” para viajar y para mi, el lugar de encuentro elegido, está prácticamente en el límite de mi “zona de confort”.



Ezcaray era una de mis visitas pendientes y que mejor ocasión para visitarlo. Además también tenía Luis el capricho de probar su cocina. Son tres las posibles opciones que ofrecen pero hoy venimos a conocer sus platos de siempre, como dicen ellos, “la cocina de mi madre”. Y todos sabemos que por norma general, las madres….. cocinaban bien. Digo cocinaban, eso ha cambiado y mucho y ahora es un asunto más de voluntad que de género.



Pues allá que nos acercamos al precioso complejo de Echaurren. Nos acompañan a nuestra amplia mesa bien vestida. Servicio muy profesional y atento. Aunque se nota la diferencia entre los “de siempre” y estos nuevos muchachos que son tan correctos que algunas veces….. me parecen un tanto “plastificados”. Quizás es lo que ahora se busca. Uno  es de otra generación.


Tienen una más que amplia carta de vinos con propuestas muy variadas. Ya que estamos donde estamos, lo lógico parece beber algo de la tierra. Además si es del gusto de uno, mejor que mejor. Aquí pondré el único pero a este restaurante, los precios de los vinos me parecen un tanto “injustificados”. Quizás en su hermano mayor, el doblemente estrellado Portal, tengan su “porqué” pero en este caso lo considero exagerado.  Así que la elección ha sido un Barón de Ley Tres Viñas reserva 2013. 70% Viura, 15% Malvasía y 15% Garnacha Blanca. Cada variedad de uva fermenta por separado y el coupage final envejece en roble americano durante 12 meses más 1 año, por lo menos, en botella. Un vino que demuestra su envejecimiento en madera. Graso, con estupenda acidez. Vino de “los míos”, sin duda. Quizás aún necesite algún año más en botella para limar un tanto esa madera.

Comenzamos con las famosas y desde luego bien resultonas, “croquetas de nuestra madre”, de jamón y pollo. Desde luego que están para comerte un remolque. Seis piezas de buen tamaño que compartimos entre los tres. Nos han encantado.



Pasamos al carpaccio de gamba sobre tartar de tomate, ajo blanco y caviar de vino tinto. Un plato fresquísimo y exquisito. Perfecto conjunto de sabores bien armonizados.





Mientras tanto al txikito le sacan “media” ración de pochas. No las había probado pero, tontamente se ha metido la cazuela entera, sin rechistar. Le han encantado. Aunque no es el turno, aprovecho apra decir que nosotros también las hemos degustado pues entran en su propuesta de menú. Confirmar que están geniales. Finas a más no poder, suaves, jugosas, sabrosas. Un plato de los de disfrutar, de los que no tienen que desaparecer jamás de las cartas.

Continuamos con las Setas de temporada con ajetes tiernos, todo guisado en su propio jugo con yema de huevo. Plato “simple” pero seguimos disfrutando. Excelente calidad de los productos tratados de manera genial.



El siguiente plato es la Menestra de verduras de primavera. De nuevo un producto de alta calidad, en su punto. Muy rico.



Pasamos a las pochas de las que ya os he hablado. Y le toca ahora el turno a Luis de disfrutar de su segundo plato, la paletilla de cordero lechal asada con patata panadera.  Acompañada de ensalada verde. Ración más que contundente. Preparación en su justo punto. Crujiente la corteza y jugosa la carne interior.



Nosotros pasamos al pescado en forma de una cojonuda Merluza a la romana confitada a 45 grados. Se deshace en boca, fina a más no poder. Muy , pero que muy rica.



Y terminamos la parte salada con otro de los platos míticos del restaurante, la Albóndiga de la abuela sobre parmentier de trufa. Pues de nuevo agradable sorpresa en forma de un plato jugoso y de resultado sobresaliente.


Nuestro joven compañero prefiere un helado para ayudar a su hoy, “castigado” estómago, nosotros nos tiramos de cabeza a por esa Tosta templada con queso de cameros, manzana reineta y helado de miel. Un postre a la altura del resto de la comida. Muy golosón pero nada empalagoso. Excelente colofón para un disfrute total.



Salimos a la estupenda terraza a disfrutar de los cafés y, para mi envidia, mi amigo disfruta de un estupendo puro. Los viciosos fumadores de cigarrillos no sabemos fumar puros pero me gusta verle disfrutar. El total de la comida, con las copas de la calle ha sido de 206 euros. El asunto sólido me ha parecido ajustado a lo ofrecido, ya he comentado lo que pienso del precio de sus vinos.  A pesar de ello, volveré y desde luego que no pienso quedarme sin probar su propuesta estrellada, tiene muy, pero que muy buena pinta.

30 de junio de 2017

COMER, BEBER Y ......... "SOBREMESEAR".

Mis dos nuevos compis de aventuras gastronómicas llevaban un tiempo “tentando” con el buen hacer cocinero de uno de ellos y con las ganas del otro de probar un vino en concreto. Así que una vez concretado el asunto, nos acercamos a la “casita” que nuestro psicólogo jubilado (al menos en teoría) tiene en Beotegi, situada en el precioso valle de Aiara.

El día es bueno para disfrutar sin padecer calores exagerados pero desluce un tanto las maravillosas vistas que desde la terraza podíamos haber gozado, vistas del macizo de Gorbea y de la Sierra Salvada. Es un lujo vivir aquí, aunque no es lo mío, yo sería feliz en “mi Bilbao”.

Pues hecha la visita previa al hogar y saludos los “guardianes” del recinto, nos vamos poniendo manos a la obra. Pepe organizando el asunto “mesero”, Javi en la cocina dando los últimos toques a su propuesta y yo, como no podía ser de otro modo, encargándome del asunto vinícola.

Para hacer un poco boca nos preparamos unas estupendas nécoras. Esos crustáceos de carne maravillosamente sabrosa pero de un tanto complicada degustación. Ese sabor a puro mar, uno de los más apreciados para los amantes del marisco. Riquísimas, el punto que les ha dado Javi ha sido el exacto.

 Mientras tanto, abierto con un poquito de antelación, el vino blanco que hoy vamos a degustar, rompe totalmente los esquemas de mis compis. Acostumbrados a vinos mucho más jóvenes y afrutados, el Tondonia Reserva 2000 les asombra. Hablamos de un vino que este año cumple ni más ni menos que 17 pero que está en plena “adolescencia”. De un color dorado, limpio, con ciertos reflejos cobrizos. Aquí la fruta más bien sería fruta de compota, orejones, por ejemplo.
Un vino que va ganando con el paso de los minutos, un vino “graso”. Yo veo que, a pesar de que no les disgusta, no “pueden” con él. Se ve lo que cuesta beberlo, es un vino para casi, “masticarlo”. Se nota a la legua su larga crianza, su paso por esas viejas barricas de roble. A mi me sigue sorprendiendo. Un vinazo con todas las de la ley.

Le metemos mano al primero de nuestros platos serios de hoy. Unas txerripatak que Javi nos sirve con toda la delicadeza del mundo. Sorpresa verdadera. Están cojonudas. Quizás ese ansia de acertar haya hecho que el punto picante haya quedado un pelín escaso e incluso la salsa un poco “desmaquillada” pero esto lo digo porque hablamos de una pareja de personas que buscan, en muchas facetas, encontrar la perfección. Ese resultado notable de hoy bien pudiera haber sido sobresaliente sin esa presión añadida.

Para el segundo de los platos de hoy, abrimos otra cosa muy distinta para beber. Una botella de champagne, un regalo de mi prima Arantza. Delamotte brut. Uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Un espumoso que en nariz ofrece fruta madura. Burbuja fina, muy agradable de beber. Un vino que puede hacer que los poco amigos del champagne cambien de opinión. Con la acidez perfecta para disfrutar de él sin “amarguras”. Evidentemente mis amigos han disfrutado más que con el Tondonia.


Pues les toca el turno ahora a las carrllleras. De nuevo vuelvo a sorprenderme gratamente con la mano que tiene el artista (nunca mejor dicho) en la cocina. Finisimas, suaves, sueltas….. Me resulta curioso algo en boca hasta que me explica su añadido dulce. Además de las chalotas, lleva alguna pasa. Toque particular que les da un sabor agradable. Quizás la ligazón de la salsa…… pero remarco que hablamos de rizar el rizo. De nuevo ese notable alto llegaría a sobresaliente con un poco más de “relajación” por parte del cocinero. Afortunadamente han sobrado algunas que a la hora de escribir este relato ya han sido degustadas por el que suscribe habiéndome dado un par de momentos apoteósicos. Eskerrik asko Javi.


El postre de hoy es “de peso”. Pepe ha localizado un buen distribuidor y se apaña siempre para tenerlos en casa. Un queso de los de quitarse sombreros. Queso potente de sabor, de aromas marcados. Torta del Casar. Elaborado con métodos tradicionales, a base de leche cruda de oveja. Lo de “torta” le viene por esa forma un tanto abombada que puede recordar a una de pan. Corteza ligera, semidura. Su textura es altamente cremosa y hace que sea un queso para degustar untando en un buen pan o incluso a cuchara. Eso sí, no es un queso que te permita comerte una gran cantidad.


Llega ahora mi momento complicado, a mi el comer me da, curiosamente, más sueño que el cenar. Pero hoy, Javi está que lo tira y nos prepara unos estupendos GTs, sin tonterías, ginebra, tónica, hielo y un poquito limón. La sobremesa es larga, muy larga. Conversaciones que tocan muchos palos, conversaciones inteligentes, es mejor juntarse con personas más listas que uno, así se aprende.


A nuestro alrededor, unas gallinas bien capitaneadas por el gallo, al que he intentado “asustar” sin conseguirlo. Ni un paso atrás ha dado el “condenao”. A sus chicas no las asusta nadie.
Pues estupenda velada que ya es antesala de una próxima. Al parecer un arroz con bogavante va a “tener la culpa”. Habrá que ir preparando otro par de botellas para la ocasión. De todos modos, estando donde estamos, una buena ensalada de tomates de casa con unos huevos de la misma procedencia…….. Todo se andará.